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Chiara Lubich: la familia, la ciudad y los jóvenes

March 15, 2017

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Chiara Lubich: la familia, la ciudad y los jóvenes

15/3/2017

Chiara Lubich, fundadora y presidente del Movimiento de los Focolares, ha tenido, en el trascurso de su vida, encuentros con las personas más variadas, ofreciendo una palabra, una indicación sobre como concretar el ideal de la fraternidad en los ámbitos más diversos: Ya fuera en un discurso a un grupo de políticos, o un sincero diálogo con jóvenes o chicos o a las familias reunidas en un congreso, cada ocasión ha sido una oportunidad para profundizar la novedad que este modo de vivir genera en cada ámbito de la familia humana y de la sociedad entera.

 


 

CHIARA LUBICH Y LA FAMILIA – En el 9º aniversario de la muerte de la fundadora de los Focolares, en los cinco continentes donde se celebra la fecha, se quiere proponer una reflexión sobre la aportación del carisma de la unidad a la vida de las familias.

 

Chiara veía a la familia como una “semilla de comunión para la humanidad del tercer milenio” como dijo en su mensaje al Familyfest de 1993, deseando que “los valores inherentes a la misma – la gratuidad, el espíritu de servicio, la reciprocidad – pueden ser trasferidos a toda la familia humana”

 

CHIARA LUBICH Y LA CIUDAD - Desde 1995 Chiara Lubich, fundadora y presidente del Movimiento de los Focolares, recibió un total de 21 ciudadanías honorarias. Son reconocimientos por su contribución a mostrar de cada ciudad la dignidad de su historia, de su vocación de acogida, de diálogo, de su capacidad de reunión de personas: desde Roma, a Buenos Aires, a Tagaytay en Filipinas, la fraternidad universal reúne personas y talentos, necesidades y posibilidades, poniendo de relieve las particularidades que hacen de cada ciudad un lugar único en el mundo.

 

CHIARA LUBICH Y LOS JÓVENES - Desde el comienzo del Movimiento, los jóvenes estuvieron presentes y protagonistas, pero su fisonomía específica empezó a delinearse a partir de 1967 cuando Chiara Lubich, con el lema “¡Jóvenes de todo el mundo únanse!”, puso las bases para la constitución de los movimientos juveniles. A ese llamamiento respondieron y siguen respondiendo también hoy, jóvenes en muchos lugares de los cinco continentes, de diferentes etnias, nacionalidades y culturas. Pertenecen a varias denominaciones cristianas, a distintas religiones, o bien no profesan un credo religioso, pero todos están unidos por el deseo de construir un mundo unido: de hacer que la humanidad sea cada vez más una sola familia, respetando la identidad de cada uno. Recorren todas las vías posibles para construir la fraternidad universal, con el fin de curar las divisiones que existen dentro de las familias, entre generaciones, entre los diferentes grupos sociales…

 

Son muchas las actividades que suscita su estilo de vida: desde grandes acciones para responder rápidamente a situaciones de emergencia, ayudando a personas y a países afectados por calamidades naturales o guerras, a los múltiples fragmentos de fraternidad, donde los jóvenes se comprometen en iniciativas locales continuativas, a favor de los más necesitados, como los niños de la calle o los indigentes, los ancianos solos o los presos o los inmigrantes: todo lo que la fantasía sugiere para curar las heridas de la sociedad en la que viven. En sus acciones, involucran también a las instituciones, especialmente en la Semana Mundo Unido: una semana en la que todos los Jóvenes por un mundo unido del mundo intensifican sus actividades e iniciativas para influir en la opinión pública de sus países, y testimoniar juntos que se puede vivir para construir un mundo unido, haciendo que la humanidad sea cada vez más una familia.

 

 

 

 

Semillas de comunión para la humanidad del tercer milenio

(extracto de mensaje de Chiara Lubich al Familyfest de 1993)

 

"...Ahora bien, la tarea de cada familia es la de vivir con tanta perfección su vocación, de manera que pueda convertirse en un modelo para toda la familia humana, transfiriéndole sus valores con su característico modo de ser. De esta manera la familia llegará a ser semilla de comunión para la humanidad del tercer milenio. 

 

En la familia, ¿es natural poner todo en común? Esta es, entonces, la semilla que puede hacer surgir, en la sociedad, una economía en favor del hombre. Esta es la semilla de una cultura del dar, de una economía de comunión.


En la familia, ¿es espontáneo vivir el uno para el otro, vivir lo que el otro vive, ‘vivir el otro’? Entonces, esta es la semilla para que se acepten entre sí grupos, pueblos, tradiciones, razas y civilizaciones, que lleva a una inculturación recíproca.


En la familia, ¿transmitir los valores es algo espontáneo, de generación en generación? Entonces, puede servir de estímulo para valorar de una forma nueva la educación en la sociedad. Y la manera de corregir y de perdonar en la vida familiar puede iluminar el modo de administrar la justicia.


En la familia, ¿la vida del otro es tan valiosa como la propia? Entonces, esta es la semilla de aquella cultura de la vida que debe inspirar las leyes y las estructuras sociales.


La familia, ¿se ocupa de su casa y refleja en ella su armonía? Esta es la semilla para un renovado interés por el ambiente y la ecología.


En la familia, ¿el estudio tiene como objetivo la madurez de la persona? Esta es la semilla que puede dar a la investigación cultural, científica y tecnológica, la posibilidad de descubrir, poco a poco, el misterioso designio de Dios sobre la humanidad y de actuar por el bien común.


En la familia, ¿la comunicación es desinteresada y constructiva? Entonces es la semilla para un sistema de comunicaciones sociales al servicio del hombre, que destaque y difunda lo positivo y sea un instrumento de paz y de unidad planetaria.


En la familia, ¿el amor es el vínculo natural entre sus miembros? Esta es la semilla de estructuras e instituciones que cooperen para el bien de la comunidad y de cada individuo, hasta alcanzar la fraternidad universal, valorizando a cada uno de los pueblos.


En el mundo ya existen estructuras e instituciones, locales, nacionales e internacionales: ministerios, hospitales, escuelas, tribunales, bancos, asociaciones y varios tipos de organismos. Pero es necesario humanizar estas estructuras, hay que ‘darles un alma’, de modo que el espíritu de servicio alcance la intensidad, espontaneidad y el empuje de amor hacia cada persona que se respira en la familia.


Dios ha creado a la familia como signo y modelo de cualquier otro tipo de convivencia humana. Esta es, pues, la tarea de las familias: tener siempre encendido en las casas el amor, reavivando aquellos valores que Dios ha donado a la familia, para llevarlos por doquier a la sociedad, generosamente y sin detenerse.


Esta es la propuesta que les hacemos, para que en el tercer milenio la humanidad entera pueda llegar a ser realmente una gran familia..."

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